by/por: Victoria Sindell
Nacido en la ciudad de Jerez, Zacatecas, Luis M. Díaz es un inmigrante mexicano que ha podido hacer realidad, en este país, la mayor parte de sus sueños. Ejemplo de ello son los triunfos y éxitos que ha tenido en el mundo de los negocios. Actualmente Díaz es dueño de una compañía especializada en fabricar estructuras metálicas para grandes parques recreativos, restaurantes y edificios residenciales.
Pero aunque esa parte de su vida esta perfectamente cubierta, en términos económicos, familiares y financieros, Luis M. Díaz también tiene el deseo de satisfacer las inquietudes artísticas que empezó a desarrollar hace dos años, cuando, con el apoyo y los consejos de Honorio Robledo, uno de sus mejores amigos, tomo la decisión de convertirse en pintor. Actividad creativa a la que le gustaría dedicarse de tiempo completo a partir de ahora.
A punto de inaugurar la primera muestra de las obras que ha realizado durante la etapa inicial de su carrera dentro las artes plásticas, Díaz se encuentra por ahora organizando todos los detalles relacionados con la galería donde esta tendrá lugar.
Y fue ahí, de frente a cada una de las pinturas que ha producido hasta el momento, donde Luis M, Díaz nos contó parte de su historia.
Primeras lecciones
“Mi interés por dedicarme a la pintura surgió en mi de forma natural y espontánea”, asegura Díaz. “Yo nunca tuve la intención de volverme artista. Esto se produjo de pronto, en mí, como una necesidad por expresar muchas cosas que habia llevado dentro del corazón y el espíritu por mucho tiempo y que no podía describir antes por ningún otro medio. Al principio, hasta yo mismo llegue a extrañarme de tener esta inquietud. Mi primer cuadro lo hice movido por el estado emocional en el que me pusieron los ataques terroristas a Nueva York. Cuando mi asistente vio los dibujos que yo había hecho dijo que le gustaban. Entonces me recomendó que los transformara en una pintura. Después otro amigo me dijo lo mismo. Así fue como, poco a poco, entre pregunta y pregunta, termine por convencerme de que el arte era algo fundamental para mi vida. Ahora entiendo, perfectamente, que además de ser contratista y hombre de negocios, también tengo la oportunidad de comunicarle a otras personas, que es lo que yo siento y pienso, por medio de cada una de mis pinturas”.
“Yo entiendo que todavía me falta mucho por aprender”, explica Luis M. Díaz con enorme sencillez. “Y por eso es que trato de superarme en cada nuevo cuadro que pinto. La verdad es que empecé de cero. Todo lo he ido aprendiendo sobre la marcha. Mi amigo Honorio Robledo, al que una vez le dije que tenía ganas de pintar, fue quien me dio las primeras recomendaciones acerca de lo que debería hacer. Gracias a Honorio supe como debía utilizar los colores acrílicos y aunque no fue muy fácil aprender a manejarlos, ahora pinto con ellos casi todas mis obras, en ocasiones también los mezclo con pinturas de aceite, y lo hago siempre con la intención de obtener mejores resultados”.
Una segunda oportunidad
Admirador de los grandes maestros del arte contemporáneo, entre los que cuanta a Diego Rivera, Vincent Van Gogh, Frida Kahlo, Picasso y El Greco, Luis M. Díaz afirma que su carrera artística es como una pasión inagotable.
“Cuando estoy trabajando en un nuevo cuadro siento que hay “algo” que se mueve dentro de mí, aquí en el pecho, y eso me produce una alegría muy especial”, asegura. “Y aunque quiero compartir esto con mi esposa y mis hijos, a veces como que me cuesta trabajo explicarles que tan importante es para mi seguir pintando. He llegado a pensar, inclusive, en retirarme de los negocios y dedicarle todo mi tiempo al arte. Pero también me doy cuenta que todavía no es el momento de hacerlo”.
Consciente de la responsabilidad que implica presentar sus obras al público, Luis M. Díaz entiende que todo artista debe estar dispuesto a enfrentar los peligros de la crítica.
“Esta exhibición significa, para mi, un gran reto. Porque ahora se que ya no me puedo echar para atrás y decir que no soy pintor”, señala Díaz. “Tengo más de una docena de obras pintadas, y otras más que están en proceso de realizarse y creo que los conocedores van a poder decirme, si es que lo tiene, qué tanto potencial le ven a mi trabajo. A lo mejor algunos de ellos me dicen que ya le pare, y que no siga perdiendo mi tiempo, posiblemente otros van a opinar lo contrario, de cualquier forma, siento que la presentación de mis obras, en una galería abierta al público, es un riesgo que yo tenía que correr tarde o temprano”.
Victima de un accidente automovilístico en el que casi pierde la vida, Luis M. Díaz percibe los momentos por los que pasa hoy día como “una segunda oportunidad que el destino y Dios me han dado”.
“Durante mucho tiempo estuve sumergido en una fuerte depresión emocional y solo veía la parte negativa de las cosas, ahora entiendo mejor todo lo que me ha sucedido a lo largo de mi vida y agradezco las posibilidades que tengo de poder expresarme por medio del arte. No me mueven las ganas de ser el pintor más famoso del mundo, me basta con saber que, además de mi familia, hay otras personas que disfrutan viendo cada uno de mis cuadros”.





