Laurie Anderson recuerda con amor cinematografico a Lou Reed

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By/Por Gabriela Marquez, Especial para LWR

La artista y realizadora Laurie Anderson, viuda del rockero Lou Reed, rindio homenaje miércoles en el Festival de Cine de Venecia a su fallecido marido con Corazón de perro, una película centrada en el significado de la vida.

Elegante, profundo, conmovedor, con imágenes bellas como cuadros artísticos, la estadunidense Anderson habla de la pérdida, un sentimiento que ha experimentado y que va describiendo a través de la muerte de su amada perra, Lolabelle, de su madre y de su marido en 2013.

La cinta, que compitio por el León de Oro, encaja perfectamente con el estilo de la Mostra y con la obra de la multifacética artista, quien combina con una sabiduría budista imágenes con palabras, reflejos de gotas de agua con filosofía, ramos de árboles otoñales con las aceras de Nueva York, amor con muerte.

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“Quiero provocar reacciones más que explicar”, aseguró Anderson, compositora y artista performance, quien vuelve a dirigir una película 29 años después de Home of the Brave.

“El espíritu de Lou está presente en el filme y quise que parte de su personalidad estuviera reflejada”, confesó durante una conferencia de prensa. “Quería transmitir su energía, ver su energía”, agregó con la voz quebrada.

Emblema del arte de vanguardia, Anderson, de 68 años años, cantante, violinista, poetisa, dibujante y artista experimental, esta vez es una eficaz narradora de historias, para lo cual se inspira en su propia vida, desde la infancia en Illinois, pasando por Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, sus vecinos, la mirada de su perra hasta su muerte, ciega y anciana.

“Hay que sentir la tristeza y no ser tristes”, le solía decir su maestro budista, un principio que recorre toda la película, que salta entre mundos diferentes para contar anécdotas, pequeños eventos, casi como poesías visuales dedicadas a su marido, a quien no menciona en todo el filme.

“La memoria siempre da un color diferente”, dice Anderson mientras reflexiona con su personal estilo sobre la vida, las ansias, los sueños y los recuerdos, como cuando casi mata a sus dos hermanos en un lago helado o se quebró la columna vertebral de chica con un salto mortal equivocado sobre una piscina.

Por 75 minutos, las teorías filosóficas de Anderson sirven para meditar sobre lo que llama el Bardo, los 49 días después de la muerte durante los cuales la identidad de cada persona se descompone y la consciencia se prepara para tomar otra forma de vida.

“No hay que llorar por ellos”, aconseja.

 

El amor por Lou Reed

Dedicado al final al célebre músico, Anderson estima “que cada historia de amor es una historia de fantasmas”, por lo que abre su corazón, su alma y su sentir al espectador para realizar un peregrinaje común lleno de sentimientos, una despedida para siempre.

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“Nunca he visto una expresión tan llena de maravilla como cuando Lou murió. Sus manos estaban haciendo la forma 21 del Tai Chi, el agua que fluye. Sus ojos estaban muy abiertos. Yo estaba sosteniendo en mis brazos a la persona que amaba más que a nadie en el mundo y hablé con ella cuando murió. Su corazón dejó de latir. No tenía miedo. Yo era capaz de caminar con él al fin del mundo”, escribió en una carta que publicó en la prensa después de la muerte del célebre rockero, con quien vivió 21 años.

“No querer saber, no querer sentir, esa manera de asumir la muerte me parece horripilante”, reconoció la artista.

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