Ecos de una infamia orquestada en el México de Peña Nieto al amparo del poder político

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By/Por Juan Rodríguez Flores, Editor Ejecutivo de LWR

Lo ocurrido el pasado fin de semana con la periodista Carmen Aristegui no es un caso aislado. Sucede todos los días, y de manera recurrente, en la mayor parte de los medios de comunicación mexicanos. Sobre todo en aquellos en los que reporteros, escritores, columnistas, locutores de radio y presentadores de noticiarios televisivos pretenden informar a la sociedad de manera honesta, profesional y transparente.

Es un hecho comprobado, históricamente hablando, que desde las épocas en que gobernaba el país laCarmen Aristegui3 dictadura de Porfirio Diaz, siempre se ha tratado de silenciar las voces de quienes en su momento, por múltiples razones sociales, políticas, éticas, ideológicas y morales no han seguido las lineamientos de los presidentes en turno. Ya sean del PAN o del PRI.

El momento actual, en el que Enrique Peña Nieto tiene en sus manos el destino del país, no es muy diferente al que empezó a vivirse con la llegada al poder de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. Cuatro personajes que fueron llevando a México hacia la oscura y profunda espiral de violencia, injusticia, narcotráfico, impunidad, decadencia y corrupción donde hoy se encuentra.

De todos estos hechos, en los que está directamente vinculado Peña Nieto, ofrecieron múltiples y contundentes testimonios Carmen Aristegui y su grupo de colaboradores. Y la respuesta frente a ello era de esperarse. La que ya todos conocen.

Solidarios frente al abuso de poder del que han sido víctimas Aristegui y la libertad de expresión, numerosos periodistas han publicado, desde diferentes medios, lo mismo tradicionales que digitales, columnas y artículos de opinión denunciando valientemente lo ocurrido.

Como ejemplos de tan admirables gestos de apoyo, admiración profesional y amistad a continuación reproduzco algunos que considero recomendables de leer.

“No te la van a perdonar, Carmen…”

 

Por Martín Moreno marzo 18, 2015

+Salida de Aristegui: ajuste de cuentas

+Golpe al periodismo crítico… pero pierde EPN

Generosa con su tiempo informativo, interesada en los temas que abordo en mis libros, Carmen Aristegui me había entrevistado en CNN sobre “Los demonios del sindicalismo mexicano” hace apenas unos días. Último jueves de febrero. Charlábamos. Inevitable, la plática viró hacia el tema que cimbró al país: la “casa blanca” de la familia presidencial.

-No te la van a perdonar, Carmen… te la van a cobrar… cuídate mucho…-, le dije.

Aristegui me ofreció media sonrisa, apenas dibujada en su rostro. Cambiamos de tema.

Lamento decirlo: no me equivoqué.

Se la cobraron a Aristegui.

Lo lamento mucho, admirada Carmen.

 

*****

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Dejemos la hipocresía para otros momentos: a Carmen Aristegui, la periodista que reveló el affaire “casa blanca” exhibiendo el presunto tráfico de influencias y de conflicto de interés de la familia del presidente Enrique Peña Nieto, de su esposa “La Gaviota”, y de su amigo Hinojosa, cabeza del Grupo Higa, la despidieron cuatro meses después de su noticiero en MVS Noticias. Ese es el dato duro. Lo demás son tiquis-miquis.

Algunas plumas y voces oficialistas piden que se presenten “pruebas” de que desde Los Pinos se ordenó la salida de Aristegui de MVS. A ver: o son hipócritas o ilusos. Por supuesto que no hay un memorándum firmado ni una petición por escrito en la que se pida la cabeza de Carmen. Son ruines, no estúpidos. No dejan nada por escrito.

Aristegui, una de las voces más críticas al gobierno de Peña Nieto; la de mayor audiencia en la radio; la que mostró la podredumbre que rodea a la Casa Blanca de la familia imperial en México; la que investigaba, junto con su equipo, la residencia de Luis Videgaray en Malinalco, adquirida también gracias a la generosidad del Grupo Higa y que en su momento denunció The Wall Street Journal; la que impugnó en el terreno de lo informativo la nominación de Eduardo Medina Mora como nuevo ministro de la Corte, está hoy sin noticiero. Ese es el hecho. Lo ven algunos. Otros lo ignoran.

La salida de Aristegui no es casualidad. ¡Claro que no!

Su despido es, sin duda, un ajuste de cuentas del poder político en México.

¿Qué Carmen Aristegui no avisó a los dueños de MVS que formaría parte de la alianza informativa con Mexicoleaks?

Supongamos que así ocurrió. Que la periodista no tuvo la atención de informarlo y la empresa – dueña indiscutible de sus políticas internas -, se molestó al no ser avisada. De acuerdo. Hubo una omisión. Pero, en todo caso, ¿era necesario exhibirla con durísimos desplegados de prensa, acusándola de engaño, abuso y demás epítetos?

Ni era un reclamo acorde a lo ocurrido, ni de la dimensión que se requería para solucionarlo. En todo caso, con una junta en casa y una aclaración de Aristegui al día siguiente al aire en su noticiero, deslindando a MVS de Mexicoleaks, hubiera bastado. Pero no fue así.

El pleito era con otros poderes, y no se necesita ser adivino para pensar en la Casa Blanca y en avenida Constituyentes. O en Malinalco y Hacienda. Así lo acostumbran. Así se manejan. ¡Vaya que los conocemos!

Una cosa era que MVS, en legítimo y absoluto derecho que como empresa tiene para haber aclarado que ni formaba parte ni le interesaba integrarse a Mexicoleaks, y otra, muy diferente, fue caer en la ofensa contra Aristegui, en el golpe bajo, en el agravio.

Y en los detalles está el diablo.

Los despidos de Daniel Lizárraga y de Irving Huerta detonaron el rompimiento entre Carmen y MVS. Lo sabíamos todos: Aristegui no aceptaría esas remociones derivadas, según la empresa, del “uso de la marca sin autorización expresa”, argumento un tanto ambiguo, aunque eficaz para reventar a Aristegui.

Lo demás llegó sólo: el domingo por la noche, MVS anunció el despido de la valiosa y valiente periodista.

Cierto: cualquier empresario tiene la facultad de despedir al empleado que se le antoje, con contadas excepciones (correr a una mujer embarazada, por ejemplo, o a alguien por motivos racistas o de discriminación).

Pero ni MVS es cualquier empresa, ni Carmen Aristegui es cualquier persona.

MVS es de las empresas de comunicación más importantes del país.

Aristegui es la periodista que desnudó al gobierno de Peña Nieto y que con el reportaje de la “casa blanca” –-junto con el caso no cerrado de Ayotzinapa-, tienen hundida a la administración de Peña, hoy pasmada, paralizada, desprestigiada.

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¿Pruebas?

Echemos un vistazo a las reacciones en la prensa internacional:

“Lógica mexicana: descubren conflicto de EPN, su esposa y Videgaray en compra de casas. ¿A quién despiden? A los periodistas que lo descubren”, tuiteó Jorge Ramos, periodista de Univisión y uno de los hispanos que más influyen en Estados Unidos.

Reuters -para el columnista, la agencia informativa más importante del mundo-, vinculó el despido de Aristegui con sus últimos trabajos periodísticos, citando “…una lujosa casa de un contratista del gobierno que ganó millones de dólares en negocios con el Estado”.

The Financial Times: “Aristegui ha tallado una carrera como la periodista más provocativa de televisión, irrumpiendo con historias acerca de conflicto de interés que involucran casas lujosas y redes de prostitución entre los jefes de partidos. Sus crónicas sobre corrupción en México volvieron su programa matutino en MVS Radio el más popular en México. Pero eso terminó”.

Hasta… ¡Al Jazeera! se ocupó del tema: “Una influyente periodista de televisión en México, cuyo informe sobre la mansión de la Primera Dama provocó un escándalo, ha sido despedida…”

Sí: el gobierno de Peña Nieto también sale perjudicado. Queda ante los ojos del mundo, aparte de ser visto como un ente corrupto, como revanchista ante Aristegui. Como represor de la libertad de expresión. Allí está la prensa internacional haciendo eco de todo ello.

Aún más: el affaire “casa blanca”, que tanto quiere enterrar el gobierno, hoy renace en las páginas de los medios en el mundo.

Sí: también Peña Nieto pierde con la despedida de Carmen Aristegui.

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Hay muchas formas de hostigar a un periodista, y no precisamente enviando un memorándum de Los Pinos, Gobernación, Hacienda u otra dependencia, al medio para el que labora.

¿Cómo? Teniéndolo bajo censura permanente. Hostigándolo al prohibirle escribir, hablar o abordar algunos temas de interés político para la empresa de comunicación en turno. Cambiándolo de horario – en el caso de radio o tv-, o de sección y lugar su columna -en cuanto a prensa escrita-. Hay maneras de minarlo, aunque vencerlo es otra cosa.

“Las condiciones impuestas a la periodista (Aristegui) eran simplemente inaceptables por dignidad profesional y por cambio unilateral a su contrato”, reconoció el ombudsman de MVS, Gabriel Sosa Plata. Lo dicho: hay muchas formas de joder. Vaya si lo sabremos quienes hemos enfrentado el hostigamiento laboral por lo que escribimos o decimos aunque las batallas –creo- deben darse desde adentro, y no huir, aunque en el caso de Aristegui y de su equipo, la empresa terminó de tajo con la relación laboral.

Y ya sabemos que el despido es como la base por bolas en el beisbol: ante ello no hay defensa.

*****

No tengo ninguna duda de que pronto volveremos a escuchar a Carmen Aristegui y a su equipo: Karina Maciel, Lizárraga, Huerta y compañía, al aire, en alguna estación de radio o ante un micrófono libre, abierto y plural. No se podría explicar de otra manera.

Tampoco tengo duda de que desde el poder político se podría haber presionado a la empresa para cancelar el contrato con Aristegui. También hay muchas maneras de apretar a los radiodifusores: amenazando con cancelar contratos de publicidad, ofreciendo nuevas emisoras o frecuencias, negociando impuestos o muchas más. Y de eso, por supuesto, tampoco hay memorándums.

Por lo pronto, las plumas y voces críticas a Peña Nieto, a Videgaray, al PRI, a los poderosos, deberán tomar el caso Aristegui como una advertencia. ¿Por qué? Porque es clásico entre los priistas: censurar, correr al periodista incómodo, apretar para liquidarlo, cerrarle micrófono, cancelarle espacios. Es parte de su forma de hacer política.

A Manuel Buendía, los priistas lo mandaron matar.

A Carmen Aristegui ya se le despidió.

Lamento no haberme equivocado con aquel “no te la van a perdonar, Carmen…”, que le expresé a mi colega aquella noche de finales de febrero.

En verdad, Carmen, cuánto lo lamento.

Y lo que viene

 

Por Tómas Calvillo Unna marzo 18, 2015

“Porque soy como como el árbol talado,

que retoño:

y aún tengo la vida.”

 

 Miguel Hernández-Joan Manuel Serrat

… el gobierno está estresado y ansioso, y eso no ayuda, solo dificulta aún más los complejos problemas que lo rodean; al reaccionar en lugar de responder da cabida a los que tienen como opción la mano dura, la inflexibilidad y el orden entendido como silencio, uniformidad y complicidad. Así tendríamos que entender los últimos eventos, las piezas de un rompecabezas que se colocan y diseñan posibles escenarios.

Primero, el nuevo ministro de la Corte, que representa los enlaces entre los servicios de inteligencia públicos y privados, dentro y fuera del país. Su posición es estratégica no necesariamente para cubrir las espaldas al gobierno en un futuro no lejano, no, esa no es su tarea principal. Él está para las negociaciones que palpitan debajo de las transacciones legales; los que pueden seguir y los que no en el mercado de lo ilegal, administrado otra vez desde un sector del poder judicial, político y económico del país, es saber que ha estado en el ámbito de su competencia y conocimiento. La información de los adversarios en sus manos tendrá consecuencias jurídicas, el peso de lo judicial sobre lo político será el contexto.

Por eso lo más grave no es si el ejecutivo violentó la independencia de la Suprema Corte, lo desafiante para comprender lo que viene está en el poder autónomo que asume el nuevo ministro.

En los viejos tiempos autoritarios que parecieran retornar, un perfil como el suyo en términos del cúmulo de información estratégica, estaba subordinado al Ejecutivo. Recuérdese el caso de Gutiérrez Barrios, además de su distancia con el poder económico. Por eso intriga cual es la sombra que en silencio se desplaza por los laberintos del poder, ¿qué están preparando? o ésta es una lectura equivocada, una más enmarcada en esa teorías de la conspiración que con frecuencia solemos traer a colación a falta de mejores argumentos.

Lo de Carmen Aristegui, es una primera señal, no fue la casa blanca el único asunto y probablemente ni el más relevante, eso ya se estaba procesando. Pero tampoco es ajeno a ese contexto más amplio de los usos entre el poder económico y político, sus presiones, extorsiones y mutuas distorsiones que producen, debilitando así al estado de derecho y la vida democrática. Atrapados en ese contexto de fragilidad estructural se dan las batallas entre principios e intereses donde vulnerabilidad e incertidumbre son el sello de casa.

Lo único claro es que lo que cocinan algunos grupos huele mal, bastante mal.

Si con el crimen y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa el eslabón más débil de la nación se rompió, la censura a Carmen Aristegui y su equipo fue la gota que derramó el vaso de la opinión pública del país.

Una vez más se manifiesta una ciudadanía enojada, que lo único que la reúne es su indignación en medio de una escasa y fragmentada organización. Falta una palabra que unifique, que articule, un texto que sea el espejo donde la diversidad democrática del país se reconozca y permita recuperar la transición perdida y evitar que el mundo de las mazmorras comience a emerger aquí y allá.

La censura a Carmen, me recuerda cuando te ponían en la primaria Durex en los labios para que dejaras de hablar y por supuesto que a los pocos minutos volvía uno a decir y decir, porque la libertad de expresión es algo que no se puede impedir, es el oxígeno de la vida pública, de la comunicación con los demás; es también la tarea de la conciencia.

La cultura de la represión quisiera otra vez anidar en la sociedad mexicana, y ciertamente ya está causando más que dolores de cabeza, a pesar de que ya no tiene nada que hacer, su lógica es una regla rota en las palmas enrojecidas de los ciudadanos que resisten estos estertores de quienes comienzan a dar golpes a diestra y siniestra. No hay futuro para la censura, por eso Carmen Aristegui y su equipo ya están de vuelta. Miles están hablando ahora por ellos, están dando la noticia de lo que les pasa y de lo que nos pasa.

 

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