Matilde Landeta: Pionera de la Cinematografia Mexicana

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by/por: Ana Lilia Cortes
¡Ya podrá imaginar lo difícil que fue!, tuve peleas muy fuertes con el Sindicato, con la Secretaría del Trabajo, con los productores, porque en tiempos de la Revolución Mexicana consideraban que el cine era “cosa de hombres”

Al escribir en Hollywood, conocida mundialmente como “Meca del Cine” y ver brillar los nombres actuales de las hispanas que aquí hacen historia en esa disciplina artística, recordé más que siempre a la inolvidable Matilde Landeta, una de las verdaderas pioneras de la cinematografía en el mundo, que gracias a la claridad de su pensamiento y acción, abrió camino desde México, en época de la Revolución, a todas las generaciones de mujeres que la preceden, en un tiempo en el que venció ante el reto de superar convencionalismos sociales que de ella haberlo permitido, hubieran escrito para ella una historia diferente.

Matilde Landeta, igual que Mimí Derba, Cándida Beltrán, Adela Sequeyero, Adriana y Dolores Elhers y Elena Sánchez Valenzuela, fueron las primeras cineastas mexicanas, recordadas no solo por su talento, sino por la entereza con que lograron salir adelante ante la lucha sexista que emprendieron desde cuando empezaba a escribirse la historia del cine en el mundo.

Directora de “Lola Casanova” (1948), “La negra Angustias” y “Trotacalles” (1951) y “Nocturno a Rosario” (1991), entre otras, Matilde Landeta, nacida en la ciudad de México durante 1910, se inició como script girl en el ambiente cinematográfico, y a pesar de que su primera oportunidad querían dársela solo como maquillista, logró un muy difícil ascenso hacia la dirección cinematográfica, considerada entonces “cosa de hombres”

En entrevista, ella compartió su historia, sus anécdotas, rodeada en su casa de decenas de premios y reconocimientos de México y diversos países europeos que acompañaron hasta el 26 de Enero de 1999, el último de sus días, la vida de esta señora de la cinematografía, que por sus logros y talento ha merecido incluso que desde países tan lejanos, como Alemania, hayan producido documentales televisivos sobre su vida, además de los varios libros que sobre “Matilde Landeta, hija de la Revolución”, se han publicado.

¿Maestra, qué fue lo más difícil para usted cuando decidió dedicarse al cine?

“Que me dieran trabajo, me decían que eso era de hombres y yo estaba empeñada en lograrlo porque no había libros o escuelas donde aprender cine, había que hacerlo en la práctica, por lo que me pasé doce años, día tras día detrás de la cámara, lo que me entusiasmaba muchísimo porque estaba convencida que ninguna universidad me enseñaría tanto como estaba aprendiendo, porque cada director tenía un estilo diferente, y pasábamos de una película de aventuras a una cómica, a un drama lo mismo con grandes figuras que con actores incipientes”.

Fui “script girl”, -anotadora- durante 3 años. Era la única mujer en todos esos años desempeñando ese trabajo en México, -cuando en muchos países esa actividad ya era desempeñada por mujeres-, mi trabajo consistía principalmente en llevar el control de continuidad, pero conforme aprendía, quería lograr más, y mi siguiente aspiración era convertirme en asistente de director, ¡ya podrá imaginar lo difícil que fue!, tuve peleas muy fuertes con el Sindicato, con la Secretaría del Trabajo, con los productores…”

¿Cómo fue venciendo obstáculos?

“Estaba tan harta de sentirme relegada por ser mujer, que un día me pegué un bigote lo mejor que pude, y entré gritando con la voz más viril que pude lograr: “¡cámara!, ¡silencio!… obviamente todos se rieron, pero para mi fue una broma muy en serio.”

¿Cómo era su mundo entonces?

“Me tocó ser miembro de una familia totalmente burguesa, católica, con una abuela que pensaba que el cine tenía el diablo y había algo infernal en él, ¡imagínese si le hubiera tocado ver lo que hacen ahora…!, cuando les anuncié mi decisión de entrar al mundo del cine se negaron rotundamente por lo que durante varios años, ante mi insistencia de dedicarme al cine, la familia no me aceptó, hasta que se dieron cuenta de que si era trabajo, de que no significaba mi perdición, e incluso llegaron a sentirme muy orgullosos de mis logros.

Solo mi hermano y mi prima Clara Buenada me respaldaron, ella era una de las mayores de mi generación y tenía mucha fuerza, mucho carácter era muy inteligente y culta y me ayudó muchísimo para que volvieran a abrirse para mi las puertas de la familia, cuando volví, fue durante una cena navideña, fue muy emocionante mi regreso porque me había salido con la mía, y volvía a tener el cariño de los míos.”

¿Quiénes le dieron sus primeras oportunidades?

Mi hermano Eduardo, que había estudiado en Estados Unidos, entró a trabajar al cine. Un día saliendo de la escuela fuí con una amiga a ver que era todo aquello, cuando ví aquel mundo fascinante que encerraban los estudios de cine, dije: “¡Aquí me quedo!”. Don Miguel Zacarías, -en 1932, cuando filmaba “Entre las olas” con Pedro Infante, decidió darme una oportunidad, pero pensó que solo pretendía ser maquillista, cuando se dió cuenta del tamaño de mis aspiraciones, me trajo un guión y me pidió que lo leyera, y después me preguntaría sobre el trabajo que había que realizar para hacer la película, y si me daba cuenta de como lograrlo, significaría que servía para el cine. Don Fernando de Fuentes, muy amable, empezó a descubrir para mí los secretos del mundo de la cinematografía y Alex Philips me explicaba para qué era cada lente y cómo debían hacerse las tomas. Desde entonces sabía que el cine me daría una forma de expresarme, nunca lo vi como un medio para ganar dinero, ni ingresé a él por pretender que me conocieran, lo que quería era lograr expresarme a través de una película”.

¿Se considera una precursora?

No se si fui una precursosa, o una renegada del sistema de vida nuestro, descubrí que lo que quería mostrar era la capacidad de las mujeres desde otros ángulos, no solo como madres abnegadas y esposas resignadas”.

¿Cómo fue adquiriendo experiencia para lograr sus sueños?

“Buscaba desesperadamente prepararme más y más para poder lograrlo, por lo que me involucré en la realización de 110 documentales para niños, lo que me dió una experiencia tremenda, aprendí a nunca repetir la cámara, los movimientos, a ensayar qué se podía hacer y cómo hacerlo diferente, lamentablemente la gran mayoría seguía pensando que el cine era un mundo exclusivo de hombres y la lucha con los productores no terminaba, por lo que me dí a la tarea de escribir mis historias y autocontratarme para realizarlas, es una lucha que no ha terminado, y que ahora libran gentes como Marcela Fernández Violante, -que si es de Universidad-, y todas las demás que vienen detrás. Cuando pienso en todas las mujeres que ahora hacen cine me da muchísima satisfacción saber que ayudé abriendo la puerta para las mujeres en el cine en México.”

¿Por qué hacer cine de conciencia social?

“Por mi carácter, como eran tiempos de Revolución, había hambre, yo tenía como 6 ó 7 años, y veía como si fuera juego como descargaban el montón de sacos de arroz que transportaban en ferrocarril y traían hasta la casa en carritos jalados por mulas, fue entonces que me impactó saber que había gente padeciendo hambre, porque los hombres cargaban sobre su espalda aquellos pesados costales, mientras sus hijos recogían de entre los adoquines del patio de mi casa burguesa hasta el último granito de arroz que se había escapado de entre las costuras de los costales. Eso fue de gran impacto para mí, porque recogían granito por granito. Entonces quería regalarles todo, y no me dejaron. Creo que ahí nació mi espíritu de independencia y de conciencia social.

Cuando crecí, recuerdo que incluso los ensayos en clase de literatura los escribía para “mis indios” y las diferencias con mi abuela se hacían cada vez mayores, ella criticaba la Revolución, y yo sabía que tenían que pelear por sus derechos. Fue así como crecí revolucionaria, con mucho carácter sobre todo, probablemente con talento porque me pude imponer en la familia, en la sociedad y en el cine, porque no me dieron trabajo los productores pero yo hice mis películas, hipotequé esta casa, vendí el carro, feliz de hacer mías mis películas. ¡Qué loca!, ¿No?”

¿Sigue siendo revolucionaria?

“Eso no se termina nunca, es una forma de ser, me inconforma enormemente la situación de mi pueblo, es algo que me amarga mucho y es algo en lo que sorprendentemente coincidimos todos, hasta los periódicos de derecha.

Sigo pensando en la injusticia social, en el montón de millonarios egoístas, en los políticos ladrones, en la población que se está muriendo de hambre y que lo que ganan en un día no alcanza ni para comprar un kilo de carne y que esa es la realidad de México, por lo que hay tantos compatriotas que arriesgan su vida y sufren lo indecible para partir a Estados Unidos para tratar de ganarse la vida y muchas veces encuentran la muerte… y si llegan, es aterrador saber como los tratan, no son bandidos que vayan a robar, van a trabajar muy arduamente, de sol a sol como en sus campos, agachados en el suelo de diez a doce horas pizcando betabeles, apios o algodón, es una situación angustiosísima, pero políticamente desde siempre disimulada y sin que México declare su difícil situación.

Me doy cuenta de todo lo que pasa porque no vivo en el pasado, vivo en el presente que es consecuencia del pasado y la verdad sigo sin encontrar cambios para aquellos pobres que recogían granos de arroz en el patio de mi casa, y los millones que siguen sufriendo la desigualdad, la pobreza y el desempleo”.

¿Y entonces, para qué sirvió la Revolución?

“Sus efectos duraron tan poco… justo hasta después de la Presidencia del General Lázaro Cárdenas, después la Revolución se olvidó, se traicionó, cambian la Constitución a capricho, aunque afecten a la mayoría, porque las Cámaras tienen la mayoría de “obedientes…”, mientras se ve a los Presidentes de nuestro país, sexenio tan sexenio, que viajan para vender México en el extranjero.”

¿Con esas diferencias sociales que vió desde niña, qué opina del surgimiento del llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Subcomandante Marcos?

“Alguien tenía que gritarle al mundo “Existimos, así nostienen!”, pero en lugar de tratar de levantar a indígenas analfabetas, a integrantes de un pueblo no incorporados, en lugar de hacer respetar las leyes que se emitieron en la Constitución, México se vuelve economista y hacen una tras otra una serie de tonterías, llevan a la ciudad de México a su situación ambiental desesperada porque nunca se les ocurrió que el traer tantas fábricas a un Valle hundido entre montañas acabaría asfixiándonos. La desigualdad hizo que todos nos amontonaramos aquí, porque si en el campo no hubo trabajo, viajaron a buscar fuentes de empleo a la gran ciudad, y al no encontrarlas, al gran país porque la gente con hambre tiene que emigrar, porque cuando hicieron el reparto agrario y distribuyeron millones de hectáreas, olvidaron darle a ese campesino por lo menos un buen azadón, tampoco les enseñaron a hacer productivas sus tierras, por eso el derrumbe de México es muy natural, para revertir el daño causado tendrían que sacar fábricas de la ciudad de México y repartirlas en la República para crear fuentes de trabajo, que se acabe con el centralismo, que se reparta todo, este centralismo ha sido uno de los grandes errores de la historia. Y todavía se quejan de que hayan surgido el subcomandante Marcos y los zapatistas para mostrar que como históricamente se ha hecho, México sigue dando a los indígenas atole con el dedo.

Mientras , en las ciudades sigue habiendo embargados que se quedan sin casa, sin autos, y los Bancos ofrecen la deuda en el extranjero porque aquí los escasamente 40 millonarios que puedan exisitir ya son muy ricos y los 40 millones de pobres son más pobres, y los Presidentes viajan para seguir vendiendo México , a lo que han dado en llamar “privatización de empresas”.

¿El compañero de su vida maestra, lo eligió usted o las costumbres de la época hicieron que le eligieran al mejor partido?

“Afortunadamente ocurrió por enamoramiento, era un guapo bastante mayor que yo y como aventura fue deliciosa porque imagínese, la niña burguesa, -como era yo-, casándose con un Coronel de la Revolución, incluso debo reconocer que para mucha gente esa unión sonaba como un absurdo y diez años fue maravilloso, fueron diez años muy placenteros porque Martín respetó mi trabajo porque me admiraba mucho. Era de Sonora y me encantaba. Me acuerdo que cuando me propuso matrimonio le dije: “¡No… estoy trabajando en el cine!”, cuando me dijo que eso no era conflicto, acepté, y la verdad mi matrimonio fue muy útil para el cine porque precisamente empecé en películas de la Revolución, con Fernando de Fuentes, “El prisionero 13” con Pablo Mendoza, “Vámonos con Pancho Villa”… y necesitaban tropas y caballos, por lo que mi Coronel entraba y salía de los estudios, llegaba y se sentaba junto a mí, el productor hasta le traía su silla, lo trataba de maravilla porque le había conseguido soldados”.

¿Por qué no tuvieron hijos?

“Nunca quise tener familia, pero un día me descuidé y tuve un bebé que nació enfermo del corazón. ¡Fue espantoso verlo agonizar durante tres días!, se le iba el aire, entiendo que si eso ocurre ahora ya no hay problemas por los avances de la ciencia, pero entonces fue un choque horrible. Se que otro tipo de mujeres que son maternales, que han deseado siempre ser madres, si les ocurre algo así se resignan pensando que tendrán otro, pero yo que no era maternal, que no había soñado nunca con tener un hijo, cuando me ocurrió eso sentí que era un desastre, por esa razón no volví a cometer nungún descuido”.

¿Qué pasó después de esos diez años y la pérdida de su hijo con su Martín Toscano Rodríguez?

“Siguió el divorcio.Me negué a embarazarme de nuevo y fue un tema en el que nunca nos pusimos de acuerdo. Obviamente, en una época tan machista como aquella.

¿Nunca tuvo problemas con el Gobierno o con la exhibición de sus películas debido a la convicción de su compromiso social que refleja incluso en cintas como “La negra Angustias”.?

“No… se asustaban con mi franqueza, pero problemas… solo en Perú no permitían que se exhibiera precisamente “La negra Angustias”, pero he tenido la satisfacción de haberme realizado plenamente, y de incluso recibir honores, homenajes y reconocimientos en diferentes países del mundo. Gracias a Dios puedo decir que he sido feliz, porque incluso mis preocupaciones sociales pude denunciarlas a través de mis películas”.

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