Sean Penn: Un rebelde con causa que triunfa en Hollywood

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by/por: Benjamín Villafañe
No es algo nuevo para Sean Penn estar, una vez más, en el centro de una apasionada discusion política y cinematográfica.
Quienes conocen su trayectoria ven como algo natural las reacciones que esta provocando con su nuevo filme ‘Todos los hombres del Presidente’ (All The President´s Men), tercera adaptación a la pantalla grande de la novela escrita por Robert Pen Warren, ganador del Premio Pulitzer con esa obra, hace más de sesenta años.

En un festival en donde no han faltado competencias para distraer la atención de los periodistas especializados, y hasta con quienes no expresan una total simpatía con la cinta dirigida por el cineasta y guionista Steve Zaillan, no ha dejado de ser unánima las alabanzas para el famoso intérprete de ‘Yo soy Sam’ y de ‘Dead Man Walking’.

EL RUIDO DEL FESTIVAL

Sin lugar a dudas, Toronto es, desde hace un par de años, el festival más importante en el calendario cinematográfico. Ubicado en el comienzo del derby por el Oscar, a principios de la campaña por las nominaciones, y gracias a su ubicación a un paso de la meca del cine es que, muy a pesar de sus aglomeradas jornadas maratónicas, que tienden a restarle prestigio a la muestra, el festival canadiense, de todas maneras, desde hace mucho supera el impacto de sus competidores del continente europeo por estas fechas, es decir, San Sebastían y Venecia, respectivamente.

Por eso mismo, tanto por sus atributos buenos y los otros, es muy difícil que una película se destaque por encima de las demás. El embotellamiento de producto conduce a que únicamente se recuerden ejercicios efectistas, como ha sido el caso de la película basada en el personaje de Borat, del cómico inglés Baron Sacha Cohen, por ejemplo. Sin gran necesidad de aclaraciones respecto de la nimie factura de esta cinta en particular, el ejemplo ilustra sobremanera los obstáculos que encuentran películas que no poseen ningún otro elemento más allá de la simple idoneidad, que de por sí sería suficiente para un espectador normal, para que llamen la atención de la prensa y de la crítica.

A pesar de los inconvenientes mencionados, hay casos que no pueden dejar de mencionarse, como el de ‘All The President´s Men’. En este historia, cuya anécdota se encuentra ubicada alrededor de la década del treinta, Sean Penn interpreta el papel de Willie Stark, un idelista hombre que se dedica a la política, cuya integridad moral y humana inicial, que lo llevan a la cúspide del servicio público, terminan siendo avasalladas por la corrupción que trae consigo el poder.

ROMPIENDO ESTEREOTIPOS

Quienes han tenido la oportunidad de ver la actuación de Sean Penn en dicha película, tal y omo ocurrió recientemente en Montreal, Canada, consideran que pocas veces antes él había alcanzado los niveles de virtusismo con los que pudo
caracterizar la actitud y complejidad que proyecta, con su personaje de Willie Stark, en cada imagen de esta película.

Acompanado por un reparto de estrellas de primera línea, entre los que destacan Jude Law, Anthony Hopkins, Kate Winslet, James Gandolfini y Mark Ruffalo, Sean Penn ha dicho en diversas entrevistas, con actitud humilde y sencilla, que ¨los meritos artísticos que tiene ‘All The President´s Men’ no me corresponden solamente a mí, sino al trabajo realizado por todos mis compañeros, porque sin las aportaciones de cada uno ellos nuestra película sería otra¨.

Descrito durante mucho tiempo como un actor rebelde e incontrolable, al que más de una vez los estudios de Hollywood le cerraron las puertas, Sean Penn ha reconocido que con su actitud inconforme algunas veces llego a poner en peligro su carrera,

¨A todo el mundo le asustaba mi forma de comportarme”, confiesa el artista histriónico alguna vez vinculado con Madonna y ahora orgulloso padre de familia con su mujer, la también actriz Robin Wright Penn. “No me ajustaba a las reglas de conducta impuestas por Hollywood a sus artistas”, reglas que fueron paulatinamente cambiando hasta los momentos actuales, en donde la situación entre estudios y sus estrellas es la exactamente opuesta. En otras palabras, en los tiempos actuales aquella ‘conducta’ rebelde de Penn no resaltaría de la misma manera.

En el presente, son las posturas políticas del Sean Penn adulto que enfurecen a la prensa de extracción conservadora. Desde su viaje a Irak antes de la invasión norteamericana hasta su envolvimiento individual en el rescate de las víctimas del huracán Katrina, sus críticos intentan en vano desmerecer sus acciones y su filosofía, pero ya no pueden recurrir, como en los comienzos de su carrera, a la imagen del chico desenfrenado y hasta un tanto sicótico, siguiéndole de bar en bar, a la espera de retratarlo en algún momento embarazoso. Ese Sean Penn, a desgracia de sus críticos, parece haberse quedado en el pasado.

A diferencia de otras estrellas famosas, cuyas malas conductas revelan defectos personales (como en el famoso caso del vandalismo hotelero de Johnny Depp o, más recientemente, el incidente protagonizado por Russell Crowe) aquellos primeros incidentes públicos, generalmente circunscritos a su privacidad, remitían a una personalidad que, aunque de manera extrema, expresaba su desprecio por la industria de la frivolidad que se alimenta de los artístas, sobre todo, del cine.

“Aquellos primeros enfrentamientos con esa prensa poco respetuosa influyó para que se me empezara a juzgar superficialmente. Toda clase de conjeturas se hacían sobre mí, excepto, que nadie se preguntaba si yo podía tener algun talento¨, dijo el actor recientemente.

¨No fue nada facil romper los estereotipos que se tenian acerca de quien era yo. Todo empezo a cambiar cuando recibi mi primera nominación al Oscar. Entonces los productores empezaron a darse cuenta que detrás de mi fachada de rebelde había un actor al que se le podia sacar muy buen partido.”

HIJO PRODIGO

El desprecio de Penn por la hipocresía del mundo del espectáculo no es producto de una estrategia personal ni de otras veleidades, sino que proviene de haber conocido de primera mano el efecto pernicioso de esa misma prensa facilista cuando se pone al servicio de la histeria pública.

Ese fue el caso de su padre, el fallecido director de televisión Mark Penn, que comenzó una brillante carrera en la infancia del nuevo medio, en las épocas de las prestigiosas antologías actuadas en vivo, en programas como ‘PlayHouse 90′. Penn padre era producto de aquella generación de artistas fomentada en los teatros federales patrocinados por el presidente Franklin Roosevelt. En la década anterior y durante la Segunda Guerra Mundial, aquellos artistas trabajaron en el nuevo medio de difusión, a principios de los cincuenta, con historias de impacto y significado social, en esencia siguiendo aquel teatro de inspiración pro-proletaria, que acompañaba el esfuerzo nacional de superación de la Depresión y de victoria contra el fascismo.

Llegada la década de los cincuenta, y como consecuencia del nuevo clima propiciado de ‘guerra fría’ con la Unión Soviética, el gobierno hizo campaña ante el Congreso por los medios de comunicación, y por ende, a la población, para conseguir el pasaje del famoso Plan Marshall de ayuda a Europa. La consecuencia impensada de esta política fue la de legitimar la ‘caza de brujas’, que entonces se limitaba hacia algunos empleados del Departamento de Estado, para investigar la influencia ‘roja’ en las artes populares.

El tema ha recuperado una controversia que se creía superada, especialmente en ámbitos académicos, aunque también se inflama el tema en algunos círculos políticos. Archivos de la vieja Unión Soviética revisados por historiadores modernos confirman la veracidad de muchas de las principales acusaciones políticas que se levantaron contra la administración federal, entonces en manos de los Demócratas, bajo la presidencia de Harry S. Truman. Sin embargo, nada se esto se tradujo jamás en una campaña ‘cultural’ de los comunistas dentro de E.U.A., que fué el tema con el que se persiguió y se marginó a muchos trabajadores de las artes durante la siguiente década.

Uno de ellos fué el padre de Sean Penn que, siendo uno de los realizadores de mayor prestigio a nivel nacional, veía su carrera reducida a trabajos de segunda categoría, luego de un largo purgatorio, obligatorio para todos aquellos implicados, por omisión o por ‘complicidad’, con esa campaña desleal.

Para la época del nacimiento y la infancia de Sean Penn, su padre había regresado a la televisión, pero ya como director servicial de episodios seriados, nunca más como parte de una generación brillante, decimada por el oportunismo político de los recién iniciados congresistas republicanos de ese entonces, entre los que se destaca Richard Nixon, que llegó al parlamento desalojando a una congresista demócrata a quién tildaba de ‘roja’ sin prueba veraz alguna.

Es fácil de imaginarse, comprendido el contexto en el que el joven Penn, en contraste, se criaba en la plácidas arenas de Malibú, que el ataque espúreo hacia su padre, lo habría preparado para una vida abocada a su arte y combativa con todo aquello que conspirase o se interpusiera entre él y la consecución de su vocación.

TRANSFORMACION CONSOLIDADA

“El Oscar que obtuve por mi actuación en ¨Mystic River¨, cinta en la que fuí dirigido por Clint Eastwood, ayudó a consolidar la transformación definitiva que se dió dentro de mi carrera¨.

Reconocido por la valentía con la que ha criticado la invasión estadounidense a Irak, así como los multiples casos de corrupción que se han detectado en torno al inepto rescata luego del huracán Katrina y la desvastacion que dejó secuelas dolorosas en Nueva Orleans, Sean Penn considera que ser artista de cine no le da derecho a ignorar las responsabilidades civiles y políticas que tiene cualquier ciudadano de los Estados Unidos.

¨Creo que todos nosotros, quienes trabajamos en la industria fílmica de Hollywood, debemos ser capaces de ejercer los derechos que nos otorga la constitución de nuestro país. Uno de ellos, que es el principal para mí, es la libertad para opinar acerca de lo que hacen quienes manejan a nuestro gobierno. Yo no pienso que sea una buena estrategia guardar silencio y quedarnos callados, sin ofrecer ningun grito de protesta, viendo como la guerra sigue creciendo en los paises del Medio Oriente y no hacemos nada por evitarlo.”

Penn no es ningún desacostumbrado a las opiniones fuertes. De alguna manera se puede asegurar que el actor tomó como misión en la vida ir en búsqueda de quienes se erigen en censores públicos, incitando, confrontando con sus verdades a quien no deseé oirle, evitando aquel otro destino de ostracismo y silencio por afinidades y otras ambiguedades que alguna vez sufrió su familia en carne propia.

Visto de esta manera, como alguien que busca en la confrontación de ideas la manera de contestarle a la conspiración de entredichos y veladas mentiras, misma que alguna vez sepultó tantas ambiciones de tantos artistas, es más que entendible el fenómeno de este fuego sagrado que parece arder eternamente en el corazón de alguien que de otra manera debiera estar placidamente disfrutando de sus laureles artísticos y personales, en lugar de verse como un individuo que sigue siendo tan comprometido como controvertido.

En ese sentido, y a diferencia de otras estrellas de su generación, con quienes hace falta remontarse en el tiempo para recordarles alguna actuación memorable en otra cosa que no fuese el mero entretenimiento, Penn sigue matizando de forma muy medida sus intervenciones, para reservarse en beneficio de algun papel que sea mejor reflejo de su arte y sus convicciones, como es el caso de la recreación de la novela de Penn Warren, realizada por Steve Zaillan.

“Pienso que películas como ‘All The President´s Men’ pueden ayudar a construir un mejor futuro para la humanidad, porque analizan críticamente las distintas formas en las que un individuo es capaz de vivir o morir en su intento por alcanzar a ocupar un puesto politico”.

Irónicamente, de la misma forma que Willie Stark, personaje basado en asesinado gobernador de Luisiana, Huey Long, y que inicialmente fue un paladín de los más pobres, de hecho, el verdadero ‘padre’ del Nuevo Trato o New Deal que luego concretara Franklin Roosevelt, Sean Penn ha sido acusado de populista y demagogo.

A diferencia de Long, o de su honónimo, el ficticio Stark, Penn ha continuado el camino de sus convicciones, sin miramientos, y por ende, a pesar de su a veces demasiado intenso y desmedido accionar, sigue estando a salvo de la inhumana sed de poder que tantas veces arruina y destruye a quienes se dedican a la noble misión de servicio que encierra la administración pública, que no es otra cosa que luchar por el beneficio de todos.

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